Estos días de fiesta son días normales para todos, en los que nos dedicamos a pensar en lo que nos deparará el futuro y en la forma de disfrutar de ello. Soñamos con momentos de gloria y con narcisistas baños de espuma y sales del Mar Muerto. Pensamos que nada ni nadie nos va a detener, que lo que piensen los demás sobre nosotros es irrelevante y que sólo uno puede preocuparse por sí mismo.

Yo quiero, desde aquí, poner mi granito de arena y reclamar un momento para nosotros, para alejarnos de la sociedad, descubriendo nuestra mente entre los sonidos de la realidad, permitiéndonos ese segundo de gloria y tranquilidad que tanto anhelamos.
Lo primero es empezar por uno mismo, como dice mi madre, seamos egoístas por un momento, centrémonos en nuestro cuerpo, en la soledad buscada, encerrémonos en un lugar tranquilo, alejado de los ruidos y de los movimientos, nuestro baño, no hace falta que sea grande, porque ya lo llenaremos nosotros con nuestro ser. Elijamos una música suave, un buen libro regalado por alguien, un café espresso con leche de soja, unas velas de aromas frutales y un buen baño aromático, enjabonemos nuestro cuerpo y sintamos cómo la relajación nos invade. Seamos felices, vivamos el momento, permitamos que el sonido recorra nuestro cuerpo y alimente nuestra alma en busca de nuevas melodías, que el jabón borre las manchas de esta sociedad maldita, que el fuego de las velas queme nuestros malos humores y que sólo pensemos en nosotros, un segundo, un instante... sólo nosotros.
"Despierta talla 38"
Llámame Nigel

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